La verdad sobre las fechas de consumo preferente: ¡no tires comida antes de tiempo!

Al comprar alimentos en el supermercado, generalmente realizamos la acción automática de revisar la fecha que está impresa en el empaque. Y en ese punto es donde empieza la confusión. Ya que, a pesar de que parece fácil, no siempre comprendemos su significado verdadero. Las fechas de caducidad y las de consumo preferente son dos categorías distintas. Y no, no son iguales.

La fecha de caducidad aparece en alimentos muy delicados, de esos que no perdonan, como carnes, pescados o lácteos frescos. Esa fecha es el límite de seguridad. Pasado ese día, mejor no arriesgarse porque ya no sería seguro consumir el alimento. El producto puede parecer normal, pero comerlo podría jugar en contra de tu salud.

En cambio, la fecha de consumo preferente no habla de seguridad, sino de calidad. Significa que, después de esa fecha, quizá el yogur no sepa tan fresco, el pan pierda esponjosidad o las galletas estén menos crujientes. Pero, ojo, el alimento sigue siendo seguro para su consumo si se ha conservado bien.

El problema es que mucha gente confunde ambas fechas… y termina tirando comida que todavía está perfectamente comestible. Entonces no solo se pierde dinero, también se pierden recursos, energía y esfuerzo de quienes la produjeron.

Ahora bien, la gran pregunta es: ¿cuánto tiempo se pueden seguir consumiendo los alimentos después de esa fecha?

  • Hasta 15 días: yogures, pan de molde.
  • Hasta 1 mes: bollería sin relleno, embutido curado en lonchas.
  • Hasta 3 meses: salsas envasadas, bebidas UHT, galletas, cereales, turrones, chocolate relleno, embutidos curados, aceite, mantequilla, chips, quesos secos, alimentos congelados.
  • Hasta 1 año: café, té, especias, legumbres, pasta, arroz, harina, conservas en lata o cristal, miel, tabletas de chocolate, agua mineral.

Claro, hay condiciones que deben cumplirse: que el envase esté cerrado, que se haya respetado la cadena de frío en los productos que lo requieren y, sobre todo, que el alimento luzca, huela y sepa bien.

Y es que hablamos de un gesto pequeño: mirar con calma antes de tirar, esto puede marcar una gran diferencia.

Cada año en Europa se desperdician toneladas de comida, muchas veces por un simple malentendido con las etiquetas. Al final, aprender a distinguir estas fechas es una forma sencilla de ahorrar dinero y, de paso, cuidar el planeta.

Cada vez que tiramos comida “por si acaso”, también tiramos litros de agua, horas de trabajo y recursos de la tierra. Aprender a leer esas fechas es un acto de responsabilidad… y un regalo para nuestro bolsillo.

Recuerda: “consumo preferente” no significa caducado, significa que quizá perdió un poquito de calidad. No desperdicies lo que todavía puede aprovecharse.

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